Por supuesto y a montones, los hemos tenido y los tenemos como alcaldes y alcaldesas, regidores, funcionarios de confianza, locadores de servicios, CAS, hombres, mujeres y hasta patricios, de todo como en botica...
Pero en esta nota queremos tratar brevemente dentro del análisis social de la definición más exacta sobre la estupidez, que la dio el historiador Carlo Maria Cipolla en sus famosas Leyes fundamentales de la estupidez humana. Cipolla definió a una persona estúpida en dos tipos de estúpidos corruptos.
El corrupto inteligente: Sabe robar, oculta el rastro, calcula los riesgos y se detiene antes de que lo atrapen. Beneficia su propio bolsillo de forma eficiente y sostenible en el tiempo.
El corrupto estúpido: Arriesga su libertad, su reputación y su carrera por beneficios minúsculos, cometiendo errores flagrantes que dejan evidencias obvias. Su codicia nubla su juicio básico.
Cuando una
persona reúne ambas características, se activa una sinergia muy particular:
Incapacidad
para medir el riesgo: El corrupto estúpido no entiende la complejidad
del sistema que intenta burlar. Puede dejar transferencias bancarias a su
nombre, firmar contratos ilegales evidentes o presumir de su riqueza mal habida
en redes sociales.
El efecto
Dunning-Kruger: Las personas con habilidades limitadas tienden a
sobreestimar sus propias capacidades. Un corrupto ignorante suele creer que es
"más listo que los demás" y que la ley o los mecanismos de control no
lo van a alcanzar, lo que lo lleva a cometer delitos cada vez más burdos.
¿Cómo llegan estas personas al poder?
Es común
preguntarse cómo alguien con este perfil escala posiciones. Hay tres factores
clave:
Sistemas de incentivos perversos: En organizaciones o gobiernos donde no se premia el mérito sino la lealtad ciega, los líderes corruptos prefieren rodearse de personas incompetentes (estúpidas). Un subordinado estúpido y corrupto es más fácil de manipular, no cuestiona las órdenes ilegales y no representa una amenaza para el jefe.
Nepotismo y clientelismo: Los puestos no se asignan por capacidad, sino por conexiones. Esto llena las instituciones de personas que no saben realizar su trabajo técnico (incompetencia/estupidez) pero que entraron mediante favores de dudosa moralidad (corrupción).
Cinismo descarado: A veces, la falta de luces se confunde erróneamente con "autenticidad" o "valentía", lo que permite a estas personas ganar apoyo popular o corporativo.
El
resultado final...
Una persona
estúpida y corrupta es factible hasta el punto de ser una constante histórica.
Sin embargo, su "carrera" suele tener una fecha de caducidad más
corta que la del corrupto sofisticado. Al carecer de la inteligencia para tejer
redes de protección sólidas o borrar sus huellas, terminan siendo los
perfectos chivos expiatorios cuando los escándalos salen a la luz, o
cayendo por los errores más elementales.
Para Carlo
Maria Cipolla, historiador económico que revolucionó este análisis con su
ensayo de 1976 Las leyes fundamentales de la estupidez humana, la
combinación de estupidez y corrupción no solo es factible, sino que define
al grupo más peligroso de la sociedad.
Para Cipolla,
las personas se dividen en cuatro cuadrantes según el efecto de sus acciones
(el daño o beneficio que causan a los demás y a sí mismos). Si cruzamos sus
definiciones con la corrupción, la viabilidad de este perfil queda
perfectamente explicada:
El mapa de
Cipolla aplicado a la corrupción
- Los Inteligentes: Benefician a
los demás y a sí mismos.
- Los Desgraciados (o Incautos):
Benefician a los demás pero se dañan a sí mismos.
- Los Malvados (El corrupto inteligente): Se benefician a sí mismos dañando a los demás.
- Los Estúpidos (El corrupto estúpido): Dañan a los demás sin obtener ningún beneficio, o incluso
autodañándose.
¿Cómo
funciona el "Corrupto Estúpido" según Cipolla?
Un corrupto
sofisticado opera en el cuadrante de los Malvados. Es un juego de suma
cero: te quita 100 dólares de tus impuestos y los mete en su bolsillo. Hay una
lógica económica detrás de su maldad.
El corrupto
estúpido, en cambio, rompe toda lógica. Cipolla explica que la
característica central del estúpido es su irracionalidad. En la corrupción,
esto se manifiesta de varias formas:
Estos casos se ven con mayor frecuencia entre alcaldes distritales que cuando están de salida se dedican como locos o locas a construir obras de todo tamaño, losas deportivas, canchas de grass sintético, polideportivos municipales, veterinaria municipal, casa del adulto mayor y hasta un estadio municipal
Los hay que contratan servicios, víveres, hojuelas, leche, comprometiendo el presupuesto de las próximas gestiones, lo que está terminantemente prohibido, pero igual lo hacen con el cuento del desabastecimiento inminente.
Para terminar con los corruptos estúpidos, los tenemos entre los que contratan locadores a diestra y siniestra, ahí tenemos los locadores fantasmas y los funcionarios de confianza que no cumplen con los requisitos básicos de idoneidad, pero son indispensables para firmar sin preguntar, esto como es de esperar deja más huellas que un elefante en una vidriería.
La Tercera
Ley y el peligro de este perfil
La Tercera
Ley Fundamental de Cipolla dice textualmente: «Una persona estúpida es una persona
que causa daño a otra persona o grupo de personas sin obtener al mismo tiempo
un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio».
Por eso,
cuando la corrupción cae en manos de la estupidez, el resultado es
catastrófico. El malvado inteligente es predecible (busca su propio beneficio y
puedes anticipar sus movimientos); el estúpido corrupto es completamente
impredecible. Roba donde no debe, cuando no debe, de formas que no le
convienen, arruinando organizaciones enteras por pura torpeza.
Según el
esquema de Cipolla, una sociedad entra en decadencia precisamente cuando los Malvados
en el poder empiezan a reclutar o a permitir que los Estúpidos controlen
las instituciones, multiplicando el daño de la corrupción de forma exponencial.
¿Qué es el efecto Dunning-Kruger?
El efecto
Dunning-Kruger es un sesgo cognitivo según el cual las personas con menos
habilidades o conocimientos en un área tienden a sobreestimar drásticamente su
propia competencia, mientras que las personas expertas suelen subestimar su
capacidad o asumir que los demás saben tanto como ellas.
En palabras
sencillas: las personas ignorantes o incompetentes son incapaces de darse
cuenta de su propia ignorancia porque carecen, precisamente, de las
herramientas intelectuales necesarias para evaluar su propio desempeño.
El problema principal, advierte Cipolla, es que “la
distribución de la frecuencia de personas estúpidas es completamente diferente
de la distribución de los malvados, de los inteligentes y de los incautos. La
gran mayoría de personas estúpidas son fundamental y firmemente estúpidas. En
otras palabras, insisten con perseverancia en causar daño o pérdidas a otras
personas, sin obtener ninguna ganancia para sí”. En nuestra modesta opinión, esta
parte ya no es del todo cierta, tal parece que algunos estúpidos han
evolucionado en cuanto a no obtener ganancias de sus actos.
De acuerdo a esta distribución, los estúpidos están en
todas partes, en el Estado, en los colegios, en las universidades, en los
medios de comunicación, en el Congreso, en los municipios, etc. Siendo las
elecciones generales, ‘instrumentos de gran eficacia para asegurar el
mantenimiento estable de la fracción de estúpidos entre los poderosos’.
Ninguna de estas advertencias que hace Cipolla
resultan útiles frente al actuar de los estúpidos, pues “no existe modo alguno
racional de prever si, cuándo, cómo y por qué una criatura estúpida llevará a
cabo su ataque. Frente a un individuo estúpido uno está completamente
desarmado”.
En esta etapa 2027-2030... ¿qué clase de alcalde, regidores y funcionarios de confianza tendremos?
🤔¿Los corruptos inteligentes o los corruptos estúpidos? de los estúpidos ya hemos tenido varios en los últimos 12 años, ¿o no?
Corren las apuestas, señores...
